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EL AVE AUGUSTA

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  « Se agarra al peñasco con garras torcidas; cerca del sol, en tierras solitarias, rodeada del mundo azul, se yergue. El arrugado mar estalla bajo ella; mira desde los muros de su montaña, y como un rayo cae » . (Alfred Tennyson, El águila ) Imago Aquilae en Los Evangelios de Northumbria, siglo VIII. Cambridge, Corpus Christi College, MS 197B Ave arquetípica de la majestad y del poder, toda fuerza y belleza, el águila es un símbolo transversal que ha migrado de una cultura a otra desde lo más remoto. El ser humano ha venerado siempre su potencia agresiva, en cualquier lugar, en cualquier tiempo. Es a las aves lo que el león a los animales terrestres, adecuada para una sociedad guerrera, atributo de dioses y reyes y, así, su presencia en las banderas y en la heráldica es mucho mayor que cualquier otra ave.  Fragmento de la Historia de Tarquino Prisco, quinto rey de Roma, tapiz flamenco, c. 1475-1485, catedral de Zamora. El águila le quita el sombrero a Tarq...

CUNA DE VIDA, ECO DE AUSENCIA

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« Quizás una casa demasiado alta —¡Ah, la aristocracia! — desea el pequeño chochín. La alondra no se avergüenza de construir sobre la tierra su modesta casa » . (Emily Dickinson, Para cada pájaro un nido , 1859) Un relieve del sepulcro del infante Alfonso en la Cartuja de Miraflores, obra de Gil de Siloé, 1489-1492. Cortesía de José Carlos Sanz Belloso Como el primer hogar, el nido abriga la nueva vida, pero otras veces evoca el vacío de lo que se ha perdido sin remedio. En el primer caso, anidar puede ser contemplado como regeneración y esperanza, incluso cuando la vida parece abrirse paso en las condiciones menos propicias. El punto de vista humano ve en ello el testimonio de una renovación siempre posible. La llegada de la golondrina a su nido de antaño o el regreso del canto del cuco (aunque éste no anida, precisamente) son buenas muestras de cómo hemos asociado el retorno de la vida a la reaparición del pájaro en su nido. Nido de golondrina común. Eugenio Bet...

LLAMEANTE

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  Fotografía de Maxime Légaré-Vézina, Flamenco común (Phoenicopterus roseus) en la Camarga-Parc ornithologique du Pont de Gau, Francia Una planta algo extravagante, pero garbosa, un pico que parece un apéndice de carnaval y un color acariciador para la vista, dieron al flamenco un atractivo irresistible en la Antigüedad. Phoenicópteros era su nombre griego, que deriva de combinar las palabras  φοῖνιξ ( phoinix , «de color escarlata»), y πτερός ( pteros , «alas»). Aristófanes, en Las aves , emplea ese adjetivo sustantivado para designar a un ave lacustre de plumaje purpúreo: φοινικόπτερος, que tradicionalmente se ha identificado con el flamenco rosado o flamenco común. El latín incorporó la palabra: phoenicopterus . Sufrió cierta confusión con el ave Fénix, por su extraña forma, por el color, que parecía ígneo, propio de un ave solar y, porque era una especie identificada con Egipto donde, a su vez, se situaban el culto al sol y el origen del Fénix. El flamenco era, ...