EL PICAFLOR
« Una Resonancia de Esmeralda Una Ráfaga de Carmín — Y cada Flor en el Arbusto Arregla su inclinada Cabeza —... » (Emily Dickinson) Trochilidae, por Ernst Haeckel, en Kunstformen der Natur, 1899-1904. En la jungla, en los estrechos claros donde puede penetrar el sol, hay toda una irradiación y un rumor de fondo: raros insectos, escarabajos centelleantes, mariposas iridiscentes y, sobre todos, los colibríes, chiribitas del bosque, pedrería volátil que no parece conocer el descanso. Aunque no se alimentaran del néctar de las flores, estarían igualmente asociados a ellas porque son comparables: hablar de ellos es hablar de flores, en afinidad con las mariposas. De plumaje incandescente, sólo los loros compiten con ellos en brillantez y colorido, pero los colibríes han tenido una relación menos fácil con el hombre: demasiado pequeños para ser notorios, no hablan, no tienen reacciones emocionales análogas a las humanas, no se prestan a la compañía. Han tenido a su favor ser ...