ABOMINABLE Y MÍSTICA
“Est
avis ingrata que defedet sua strata”
(“ave ingrata que ensucia su
propio lecho”)
(Manuscrito de Breslau-Lüben, 1349)
Mural de Eva Mena, titulado "Volaremos libres y nos miraremos de igual a igual”, en una medianera de la calle López Gómez de Valladolid (Imagen de https://streetartcities.com/cities/valladolid)
Aunque el pato ya se calificaba de ave inmunda, su reputación no podía igualarse con la de la abubilla, avis spurcissima (“ave infecta”), según san Isidoro. Como la repugnancia física era acorde con la repulsión moral, el hermoso aspecto de la abubilla, especialmente por su cresta, era ejemplo de que la belleza, sin bondad, nada valía. Se decía de ella que se nutría de excrementos y que vivía en un nido lleno de inmundicias. Por otra parte, como la cigüeña, era ejemplo de piedad filial porque, según el Physiologus, los hijos alimentaban a sus padres cuando éstos llegaban a la vejez.
“La abubilla
significa gratitud: en efecto, es la única entre los seres que devuelve a sus
ancianos la gratitud recibida” (Heinrich Cornelius Agrippa von Nettesheim, De
Occulta Philosophia, Sive de Magia, 1533)
La cresta del ave indicaba su
estatus real, y su pico largo y afilado era un símbolo de su naturaleza
violenta. Estas cualidades contradictorias nos aconsejan contemplar de lejos su
magnífica estampa mientras evitamos una vecindad demasiado próxima porque su
fama procede de una evidencia: para defenderse de los depredadores, no limpia
su nido y acumula sus heces para que el olor sea disuasorio; además, en caso de
amenaza, la hembra y las crías expulsan de su glándula uropigial una sustancia
de olor repulsivo, que además untan en sus plumas.
“Sucio como una abubilla” (“Sale
comme une hupe”) era una locución muy habitual en la Francia campesina. De
esa suciedad se creó una historia que trataba de explicarla desde los orígenes,
cuando la abubilla, acabado el diluvio, le preguntó a Noé de qué material debía
hacer su nido; Noé le dijo “oro”. Como el pájaro no le entendió preguntó de
nuevo: “plata”, respondió Noé, y como siguiera sin entender, Noé, irritado,
exclamó “¡mierda!” y eso sí lo entendió y lo tomó literalmente.
El canto de la abubilla es un
trisilábico “up-up-up” que da origen a su nombre latino, Upupa (luego,
en latín tardío, deriva en Upupella, del que procede “Abubilla”). En
griego antiguo, su onomatopeya era “popopopoi”, del que derivaba su
nombre Epops. En árabe, su grito dice “hut, hut, hut” (que se
asemeja a “Ya Hu”, la exclamación extática del místico, “Oh Él”, “Oh
Dios”). En inglés y francés su nombre es también onomatopéyico (Hoopoe/Huppe);
en francés, además, “Huppe” se extendió a “penacho”, como si todo pájaro
crestado estuviera disfrazado de abubilla. Su nombre en griego demótico era Kukupt y
en copto (así como en el griego escrito en el Egipto romano) era Koukouphas
o Koukouphat. El nombre de san Cucufato —o Cucufate—, parece que nacido
en Cartago en el siglo III, sería, según algunos filólogos, un
indicio de que la abubilla era usada como nombre propio en las costas del
Mediterráneo.
Livre des proprietés des choses, Biblioteca Nacional de Francia, fr.
22532, folio 175v
Isidoro de Sevilla (Etimologías) insiste en la repugnancia
del pájaro que, además, es tan diabólico que cualquiera que se unja con la
sangre de esta ave y luego duerma soñará que es asfixiado por demonios.
Hugo de Fouilloy (De avibus) dice que es un símbolo de los
hombres pecadores y cita a Rabano Mauro: "Esta ave simboliza a los pecadores malvados, hombres que continuamente
se deleitan en la inmundicia de los pecados". También repite al
Physiologus, de modo que cuando envejece y no puede volar, sus hijos acuden a
ella y le arrancan las plumas más viejas del cuerpo, y la cuidan continuamente
hasta que le vuelven a crecer plumas nuevas y la alimentan.
La abubilla entre las aves del Jardín de las delicias, tras el martín pescador, Hieronymus Bosch
El predicador inglés Odón de Cheriton (1180/90-1247) contrastó la abubilla con el ruiseñor en su obra De Uppupa et Philomena: contra luxuriosos et de religiosis qui eos fugiunt (“De la abubilla y el ruiseñor: contra los voluptuosos y referente a los hombres religiosos que los evitan”). El ruiseñor, como tantas veces hemos visto, representa al piadoso que ora a Dios en la noche, mientras la abubilla “significat mulierem fornicariam” (“significa mujer fornicadora”): toda analogía del mal terminaba en la mujer.
Escudo de una familia holandesa en la catedral de Haarlem
Adriaen Coorte, Espárragos, grosellas y fresas en una ventana, con una abubilla en un árbol, 1699, colección privada
Parecía lógico que su olor
desagradable la convirtiera en un alimento impuro para los judíos, según el Levítico. Puede que no sea kosher, pero la gracia de su aspecto
hizo que los israelíes la eligieran como ave nacional en 2008, en el
sexagésimo aniversario del país, frente a otros candidatos, como el buitre
leonado o el jilguero. En realidad, fue la respuesta a la campaña de los grupos
ambientalistas para su conservación.
Mosaico romano, s. II d.C., colección privada. Podemos ver, de izquierda
a derecha y de arriba abajo, un jilguero, un loro, puede que un verderón, una
perdiz y una abubilla
Veremos que las leyendas orientales dan a la abubilla un papel místico y transmisor, quizás herencia de Egipto. Aunque allí no era un ave sagrada, como el halcón o el ibis, la abubilla tuvo una presencia frecuente ligada a los ritos funerarios como símbolo de lealtad o mensajera de la resurrección.
Templo funerario
de Userkaf, 5ª dinastía, c, 2494-2487 a.C., Saqqara
Hay algunas estatuillas egipcias
que representan al dios Harpócrates (el nombre es una helenización de
“Ar-pa-khered", el Horus niño) con una abubilla en la mano izquierda.
Dos estatuillas de bronce
de Harpócrates; a la izquierda, del Museo de El Cairo; a la derecha, de
Bruselas. Llevan la abubilla en la mano. Como es habitual, Harpócrates se
representa con un dedo sobre la boca (un gesto que significa ”niño” y que los
griegos interpretaron, erróneamente, como la representación de una deidad del
secreto)
En el Imperio Antiguo pueden verse
representaciones de un niño que toma en una mano el bastón de su padre mientras
con la otra sujeta una abubilla. Aquí estaría el origen de la fama de la
abubilla como cuidadora de sus padres.
A la izquierda, el calco del bajorrelieve completo de la mastaba de Ptahhotep y Akhethetep en Saqqara, Vª dinastía. A la derecha, detalle donde vemos al pequeño personaje, el niño, sujetando el bastón de su padre y a la abubilla
De estos ejemplos se deduce que
la abubilla estaba asociada a los niños. También puede representar el alma del
difunto o la transición al más allá, situada sobre el sicomoro sagrado. Se la
asociaba con su capacidad de conocer los secretos, de penetrar en los lugares mejor
cerrados. También se usaba en ritos mágicos porque su sangre garantizaba la
fidelidad y, mezclada con la de la golondrina, era una pócima para lograr la
constancia en el amor.
Detalle
de la tumba de Akhethotep, 5ª dinastía, en Saqqara, Louvre
Pintura mural en la tumba de
Khumhotep II en Beni Hasan, c. 1878–1837 a.C.
La abubilla es poco común en el
arte clásico, pero los pintores de Paestum, que mostraban interés por las aves,
la representaron con cierta frecuencia. Es muy reconocible en un lebes gamikos paestano conservado en
Madrid. Parece probable que la abubilla fuera un rasgo distintivo de la ciudad
o que tuviera un papel como amuleto de la fidelidad matrimonial, apropiado para ese tipo
de vaso, destinado a contener el agua purificada del baño nupcial de la novia.
Abubilla con un insecto en el pico, en un Lebes gámico, c. 360-320 a.C., procedente de Paestum, Museo Arqueológico Nacional, Madrid
Askos en forma de anillo, procedente de Paestum, siglo IV a.C. (dibujo de Tessa Rickards). Este vaso en forma de anillo, para aceite o perfume, representa una abubilla tentada por un muchacho que le ofrece un grillo
En Las aves, de
Aristófanes, la abubilla, el pájaro en que se ha convertido el rey Tereo, es a
quien los dos humanos de la obra piden, por su condición de monarca, que les
indique un lugar ideal para vivir, lejos de la vida turbulenta de su ciudad;
entonces idean una ciudad celeste, Nefelococigia. En esta obra hay ecos del carácter de
mensajero que tuvo en Oriente, e incluso antes, en el Evangelio de Mateo, 6,
en el que encontramos la misma despreocupación de las aves por su sustento
porque se proveen de alimento sin cuidado:
“Euélpides: - Pero vamos, ¿cómo es vivir con los pájaros? Deberías
saberlo bastante bien.
Abubilla: - Pues no es una vida desagradable. En primer lugar, uno no
tiene monedero.
Euélpides: - Eso evita muchas bribonadas.
Abubilla: - Para comer, los jardines nos dan sésamo blanco, bayas de mirto,
amapolas y menta.
Euélpides: - Pues sí que es la vida de los recién casados.”
Abubilla, a la derecha, de amarillo, en un detalle del “fresco de la perdiz” en el palacio de Knossos, c. 1500-1100 a.C.
En Próximo y Medio Oriente la
abubilla fue confidente y consejera, ligada al sabio Salomón, al que revela
secretos del tiempo. En el Corán, 27
(La Sura de las hormigas), la
abubilla le habla a Salomón (Sulayman) cuando este pasa revista a los
ejércitos:
“Y pasó revista a las
aves, entonces dijo: ‘¿Qué ocurre que no veo a la abubilla?, ¿acaso es uno de
los que están ausentes?
La castigaré con un
duro castigo o la degollaré a menos que venga con una prueba evidente’.
Mas esta había
permanecido no muy lejos y entonces dijo: Me he enterado de algo que tu no
alcanzas a saber y he venido hasta ti desde Saba con una noticia cierta.
‘He hallado a una
mujer que reina sobre ellos y a la que se le ha dado de todo; posee un
magnífico trono.
La encontré a ella y a
su pueblo postrándose ante el sol en lugar de ante Allah; el Shaytán [demonio
maligno] les ha embellecido sus acciones y les ha desviado del camino, y no
tienen guía’.”
La historia se remonta a dos pasajes casi idénticos del Antiguo Testamento (1, Reyes, 10 y 2, Crónicas, 9) en el que se cuenta de una reina de una tierra lejana llamada Saba, que había oído hablar de la fama de Salomón y había venido a ponerlo a prueba con preguntas difíciles. Salomón, el rey sabio de Israel, respondió correctamente a todas sus preguntas, algo que, junto con el esplendor de su palacio, la dejó sin aliento. La reina le entregó ciento veinte talentos de oro, una gran cantidad de especias y piedras preciosas. Salomón le hizo otros regalos cuando ella regresó a su patria. Según la versión del Corán, llegó a Jerusalén siendo pagana, pero la abandonó convertida al monoteísmo de Salomón (el islam lo considera también profeta).
La
reina de Saba escucha a la abubilla, que está a la derecha, que lleva una carta del
rey Salomón enrollada en el pico, Dinastía Safávida, Irán, c. 1590, Museo Británico,
(en detalle aquí)
Detalle
Baysunghur disfrazado de Salomón con la reina de Saba , Herat timúrida, mediados
del siglo XV
Detalle de la obra anterior. La representación de la abubilla no es realista porque sólo ha conservado su carácter crestado
Los timúridas eran una dinastía
islámica y esta pintura, que representa al príncipe Baysunghur (c. 1397-1433)
haciendo de Salomón, es el frontispicio de un manuscrito de La conferencia (o el parlamento) de los
pájaros, escrita en persa en el siglo XII por el místico Farid al-Din Attar,
donde se cuenta la historia alegórica de todos los pájaros del mundo, que están
en busca de un soberano. Por sugerencia de la abubilla, su guía espiritual, inician
un peligroso viaje que implica cruzar siete valles traicioneros, algo que solo
un verdadero líder podría lograr. Predica el desapego, el abandono de
los deseos y de toda propiedad, renunciamientos que permiten alcanzar la
libertad y la inmortalidad. La abubilla se presenta como la mensajera del mundo
invisible y se describe llevando sobre la cabeza la corona de la verdad. Este
viaje de las aves simboliza el itinerario místico del alma en busca de lo
divino. ¿Y no hay algo de Aristófanes —espiritualizado— en esta historia?
Portada de un manuscrito de “La conferencia de las aves”, de Farid al-Din Attar, Isfahan, Irán, c. 1610, MET. Puede verse a todas las aves dirigidas hacia la abubilla, que les habla desde la roca de la derecha
Detalle de la imagen anterior con la abubilla dirigiéndose a las aves
La diferencia del
simbolismo de la abubilla entre la interpretación occidental, demoníaca, y la oriental, más espiritual, se debe, principalmente, al doble
significado de los excrementos, como inmundicia y como ingrediente con poderes
mágicos. Siempre hubo hechizos referidos a esta ave; uno de ellos deriva de la
creencia de que era la única, junto al pájaro carpintero, capaz de destapar su
propio nido cuando se lo cerraban. Eliano (De
la naturaleza de los animales) relata una historia sobre esta aptitud
maravillosa:
“Sucedió una vez que una abubilla hizo su nido en una grieta del muro
de una parte aislada de un fuerte, donde la piedra se había partido con el
tiempo y un guardia del fuerte, al ver los polluelos, tapó el agujero con
barro. Cuando la abubilla regresó trajo una hierba y la apretó contra el barro.
El barro se deshizo y el pájaro entró a
ver a sus polluelos, y luego voló de nuevo a buscar comida. El guardia volvió a
tapar el nido, y el pájaro volvió a abrir la hendidura con la misma hierba; y
de nuevo una tercera vez. El guardián, al ver lo que había hecho la hierba,
recogió un poco y la utilizó, no como la abubilla, sino para abrir los tesoros
de los demás.”
La difícil tarea de desatascar el nido hizo que se la utilizara,
junto al pájaro carpintero, como un anti-hechizo, como conjuro para
contrarrestar un sortilegio. Otras historias se refieren a que su nido, con ser
repugnante, contenía una piedra con la que fabricar un anillo que volvía
invisible a su poseedor.
Mezcla de pureza y suciedad, a la vez abominable y mística, su
porte magnífico ha reflejado el lado más oscuro y el más sensible de la
imaginación humana.
Extraordinaria esta contradiccion entre pureza y suciedad de la abubilla y su diferente visión en Oriente y Occidente. Era un ave bastante desconocida para mí y he aprendido algo sobre ella. Es bonita la narración final de la leyenda del nido de la abubilla en la grieta del muro y como consigue destaparlo
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