PÁJAROS PEGADOS A SUS PICOS
Tucán de pico castaño (Ramphastos sulfuatus), Costa Rica. Cortesía de Irene Aldea
En 1554, el escritor italiano Matteo
Bandello escribía que “si ha habido una
edad en la que vemos cosas variadas y maravillosas, creo que es la nuestra
porque, más que ninguna otra, suceden cosas que son dignas de asombro”. En
el siglo XVI, los europeos estuvieron cautivados por lo maravilloso, nunca
antes hubo ante la vista tantas cosas inusuales y extraordinarias que excitaron
en los observadores un sentido de lo asombroso, lo que René Descartes describió
como “la primera de todas las pasiones”. Esta historia trata de dos de esas fascinaciones.
Como en tantos viajes hacia lo
maravilloso, debemos empezar por los Países Bajos. Les Delices de Leide era una guía de viaje de 1712, de autor
anónimo, que invitaba a los visitantes a conocer las curiosidades de
Leiden. Por entonces, una ciudad holandesa era un escaparate de todas las
mercancías extraordinarias que viajaban por el mundo, un fiel reflejo de la
imagen de Holanda entre los europeos, al menos hasta aquel País de Jauja de Baudelaire («pays
de Cocagne», en La invitación al
viaje, 1869): un país pequeño y ordenado que servía de puerta de entrada al
mundo remoto. Las principales curiosidades expuestas en Leiden eran objetos
exóticos que remitían al visitante a tierras y tiempos lejanos.
El teatro anatómico de Leiden en Les Delices de Leide
El paseo del turista por el libro culminaba en el famoso Teatro Anatómico, al que dedicaba setenta páginas para enumerar cada uno de sus objetos. Algunos se destacan y se describen con mucho detalle: una momia egipcia, un jarrón griego o —muy en extenso— el enorme pico de un ave exótica. Encabeza así la descripción: «El pico del Pájaro Rinoceronte o Tupán; también llamado Urraca de Brasil. Regalo de Mons. Adr.de Paw». La información que proporciona viene a recoger la de los tratados ornitológicos más conocidos hasta el momento: enumera características del tucán, como su pico grande, liso, traslúcido, con borde aserrado, y cita su alimentación a base de pimienta (dice que lo llaman Pájaro-pimienta «pues se atiborra de ella con una avidez tan grande que la echa totalmente cruda, sin ser digerida. Es por eso que los americanos la estiman tanto, porque dicen que el calor rudo y áspero de la pimienta se suaviza por este medio»). Del Pájaro Rinoceronte describe su pico y su apéndice cornudo y justifica su nombre por su parecido a los cuernos del cuadrúpedo.
Detalle central de una obra de David de Coninck, Naturaleza muerta con pájaros, monos, flores y frutas en un ambiente italiano, c. 1675-1685, colección privada
En la descripción de Leiden, el cálao y el tucán se confunden, y se citan autoridades de épocas muy anteriores: Plinio o Hesiquio de Alejandría. También menciona una extraña anécdota sobre un ave rinoceronte abatida en la batalla de Lepanto (1571), en el mar de Corinto, donde no hay ni tucanes ni cálaos. Plinio (Historia Natural, X), como ya vimos, habla de Tragopan (τραγóπαν), refiriéndose a un ave oriental con cuernos, pero seguramente se refería al Tragopan o faisán cornudo (pero con apéndices carnosos), o quizás fusionó ambas aves, el apéndice del uno con el pico cornudo del otro. Consideró su existencia fabulosa, comparándolo con Pegaso y el Grifo. Hesiquio, por su parte, en su Léxico, incluye el término «ΡΙΝÓΚΕΡΩΣ, τὸ τετράπουν θηρίον. καὶ ποιὸς ὄρνις ἐν Αἰθιοπίᾳ» (“RINÓCEROS, fiera de cuatro patas y clase de pájaro de Etiopía”), aunque el cálao rinoceronte (Buceros rhinoceros) sólo vive en el archipiélago de Sonda, en el Sureste asiático. Parece claro que la atención que despertaron estas aves deriva de sus picos superlativos, como aquella nariz pegada a un hombre en el soneto de Quevedo.
Los tucanes, emparentados con los
pájaros carpinteros (como ellos, tienen dos dedos delante y dos detrás), sólo
viven en bosques tropicales americanos. Los cálaos solo se parecen
superficialmente a los tucanes en el tamaño de sus picos, pero tienen colores
menos llamativos, son mucho más grandes y viven en el Viejo Mundo. Cuando se
conocieron por primera vez en Europa, los tucanes y los cálaos fueron confundidos
por los primeros zoólogos, como se ve en Les
Delices de Leide. Su origen era nebuloso porque las rutas comerciales de
Oriente y Occidente pasaban habitualmente por África Occidental, donde se
transbordaban las cargas, por lo que a menudo era difícil saber de qué
continente procedía el material exótico. Esta confusión sigue siendo evidente
en los nombres actuales de algunos animales: el nombre inglés guinea pig (cobaya) ignora el origen
sudamericano del animal y la palabra turkey
(pavo) sugiere que el ave proviene de Turquía y no de América del Norte, al
igual que el nombre francés del ave, dindon
o poule d'Inde, se refiere a la India, y su nombre holandés, kalkoen, deriva de la ciudad de Calcuta.
Tucanes (familia Ramphastidae). Edinburgh journal of natural history and of the physical sciences with the Animal kingdom of the Baron Cuvier. 1835-1840
El tucán fue conocido en Europa
mucho antes que el cálao. La primera descripción proviene del naturalista
español Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés (1478-1557) en su Sumario de la natural y general historia de
las Indias (1526):
«Una
ave hay en Tierra Firme, que los cristianos llaman picudo, y tiene un pico muy
grande, según la pequeñez del cuerpo, el cual pico pesa mucho más que todo el
cuerpo. Este pájaro no es mayor que una codorniz o poco más, pero el bulto es
muy mayor, porque tiene mucha más pluma que carne. Su plumaje es muy lindo y de
muchas colores, y el pico es tan grande como un geme (*)
o más, revuelto para abajo, y al principio, a par de la cabeza, tan ancho como
tres dedos o casi; y la lengua que tiene es una pluma, y da grandes silbos, y
hace agujeros con el pico en los árboles, por donde se mete, y cría allí
dentro; y cierto es ave muy extraña y para ver, porque es muy diferente de
todas cuantas aves yo he visto, así por la lengua, que, como es dicho, es una
pluma, como por su vista y desproporción del gran pico, a respeto del cuerpo.
Ninguna ave hay que cuando cría esté más segura y sin temor de los gatos, así
porque ellos no pueden entrar a tomarles los huevos o los hijos, por la manera
del nido, como porque en sintiendo que hay gatos se meten en su nido y tienen el
pico hacia fuera, y dan tales picadas, que el gato ha por bien de no curar de
ellos».
(* Antigua medida de longitud equivalente a medio pie)
La descripción del tucán por
Fernández de Oviedo pasó desapercibida durante mucho tiempo. El ave se dio a
conocer entre los zoólogos gracias a la descripción e
ilustración de su pico que ofreció Pierre Belon (1517-1564) en su Histoire de la nature des oyseaux (1555).
Belon sólo tuvo a su disposición el pico, ya que el resto del ave le era
desconocido, pero sus observaciones son interesantes. Su afirmación de que los
antiguos no la conocían debe pensarse como propia de una época en que la
ciencia se definía en relación con la autoridad de los griegos y romanos.
También dice que ese pájaro era una mercancía popular.
Cráneo de un tucán de Brasil en Pierre Belon, L’Histoire de la nature
des oyseaux, 1555. Lo titula “Retrato de un pico de un pájaro traído de las
tierras nuevas”. El pico ilustrado pertenece claramente a un tucán toco (Ramphastos
toco), el más grande y común de la familia de los tucanes
Un tucán toco
(Ramphastos toco) en Parque Estadual Encontro das Águas, Brasil. Foto de Giles
Laurent, Licencia Creative Commons
La breve descripción de Belon
sobre el pico fue desarrollada por muchos otros. Así, los bordes
ligeramente dentados del pico y su asombrosa ligereza debido a su estructura («Es hueco por dentro, es transparente y liso
como un pergamino y por eso muy ligero») son detalles que se repiten a menudo.
Además, Belon no descubrió ninguna fosa nasal («Es el único entre todos los que hemos observado en el que no hemos
visto conductos para oler»). En efecto, sus fosas nasales, en la base del
pico, son difíciles de observar, lo que se explica porque no las
necesitaría para respirar porque el material del pico es poroso y sus bordes hacen
imposible que el ave cierre el pico completamente. Algunos pensaron, antes de
conocer al ave que lo poseía, que el pico pertenecía a un ave acuática con patas
palmeadas porque esas mandíbulas con bordes dentados se veían en aves como
pelícanos y serretas.
André Thevet es el primero en ofrecer una descripción completa del tucán, acompañada de una ilustración. Thevet (1516-1592), franciscano, fue autor de algunas influyentes obras cosmográficas. En 1555-1556 estuvo en la «Francia Antártica» ( así llamaban los franceses a Brasil) sólo durante diez semanas, debido a una enfermedad que le hizo regresar. A pesar de su breve estancia, consiguió reunir material suficiente para escribir su Singularitez de la France Antarctique (1557). Thevet comienza mencionando la calidad del ave como mercancía, no por su pico, sino por su plumaje y da su nombre por primera vez, Toucan.
Tucán, en André Thevet, Les Singularitez de la France antarctique, 1558, fol. 91r
La importancia que da a su
plumaje se ve en este detalle: «Traje un
sombrero hecho con este plumaje, muy bonito y rico, que fue presentado al rey
como algo singular». Thevet está más interesado en el ave como mercancía
que como especie zoológica porque sólo menciona de pasada su pico: «Por lo demás, este pájaro es
extraordinariamente disforme y monstruoso, con el pico casi más grueso y largo
que el resto del cuerpo». Su ilustración presenta claramente las fosas
nasales que Belon no pudo encontrar, pero las sitúa erróneamente (en el centro del
pico) y los dedos del ave están mal representados (tres dedos delanteros y un dedo
trasero), un error que Belon, el «padre
de la anatomía comparada», no habría cometido si hubiera conocido el ave
completa.
Thevet, nombrado cosmógrafo del
rey, amplía su descripción en otra obra, Cosmographie
universelle (1575), con información más detallada sobre el ave (por ejemplo,
como vimos en Les Delices de Leide,
la preferencia del ave por la pimienta será un detalle muy citado y debatido
hasta el siglo XVIII).
Tucán en André Thevet, Cosmographie universelle, 1575. La ilustración repite la de 1557, pero las fosas nasales han desaparecido y los dedos están representados de tal manera más correcta
El texto y la ilustración de
Thevet fueron copiados por muchos otros y parece que el ave se veía
habitualmente en los gabinetes de
curiosidades o cámaras de maravillas
(“Wunderkammern”). Esos gabinetes a
menudo proporcionaban material para la zoología, al igual que, a la inversa,
los tratados zoológicos solían ser la base de las colecciones.
Por ejemplo, en su libro Des monstres et prodiges (1573), el cirujano Ambroise Paré alude a Thevet
y luego describe un ave que él mismo había diseccionado:
«Un
gentihombre provenzal hizo ofrenda de uno al rey Carlos noveno. Lo que no pudo
hacer vivo y lo presentó muerto, al menos lo presentó al Rey: el cual, tras
haberlo visto, mandó a Monseñor el mariscal de Rets que me lo dejara para
diseccionarlo y embalsamarlo para conservarlo mejor […] Lo guardo como una cosa
casi monstruosa. La figura del cual aquí se representa».
El tucán en Anbroise Paré, Des monstres et prodiges (1573). Este tucán copia el de Thevet
Las palabras de Paré nos recuerdan
las dificultades de mantener vivos a los animales durante su transporte por mar
y, por lo tanto, la importancia que tuvo la taxidermia, cuyo desarrollo en el
siglo XVIII hizo una gran contribución a la ornitología.
Otro viajero francés, Jean de
Léry (1534-1613), fue uno de los colonos calvinistas de Brasil quienes, en
1557, tras la presecución de que eran objeto, se vieron obligados a huir y
refugiarse con los tupinambáes, que los acogieron muy bien (más tarde, los
católicos franceses culparían a los hugonotes del fracaso de la empresa
colonial francesa en Brasil). Léry publicó su Histoire d’un voyage faict en la terre du Bresil, autrement dite
Amerique [. . .] (1585), como respuesta a las calumnias católicas. Debido a
sus precisas descripciones de los tupinambáes, su libro se considera hoy en día
un precursor de la etnología moderna (fue la obra de cabecera de Claude
Lévi-Strauss durante su estancia entre los tupinambáes en la década de 1930).
Léry observa las mismas
características que Thevet, pero con un conocimiento más detallado sobre el ave
y sus plumas y sobre el uso ornamental y comercial por parte de los indígenas,
así como sobre la etimología de la palabra «tucán», que, según dice, en la lengua local significa
«pluma».
El tucán en Icones avium de Conrad Gessner, 1560. Lo llama Pica
Brasilica (Urraca brasileña)
Conrad Gessner, corresponsal de
Thevet, incluyó el tucán en su Icones
avium de 1560 y explica cómo creó la ilustración, una especie de collage:
el pico se basa en el que le envió uno de sus corresponsales, Giovanni Ferrerio
(Joannes Ferrerius) y el resto del ave se basa en la descripción de Thevet. El
resultado es un ave inexistente: mientras que este pico pertenece evidentemente
a un tucán toco, la coloración y la posición de los dedos no son correctas.
Este collage resultó ser un error
fructífero porque Ulisse Aldrovandi, para su Ornithologiae hoc est de Avibus historiae libri (1599-1603),
encargó una magnífica acuarela basada en el tucán de Gessner, que sirvió de
modelo para muchos grabados posteriores.
Pica Bresilica o Toucan Americis enl a obra de Ulisse Aldrovandi,
Biblioteca de la Universidad de Bolonia
Arriba, a la izquierda, está el tucán del modelo Gessner-Aldrovandi. Otras aves en la ilustración son, por orden, otro tucán, un emú, un casuario, un dodo, un alca gigante, una serreta, (¿) y un págalo. En Historiae naturalis de avibus libri VI (Ámsterdam,1650), de Jan Jonston. Biblioteca de la Universidad de Leiden
En Le Cabinet de la Bibliothèque de Sainte Geneviève (1692), su autor,
Claude Molinet, describe su cámara de maravillas y menciona lo siguiente,
reafirmando la descripción de Thevet:
«George Marcgravius [el más importante explorador de Brasil en el siglo XVII] señala que no hay ningún país en el mundo donde haya más aves singulares que en Brasil. Además de las que ya he mencionado, ha hecho grabar varias otras en el quinto libro de su Historia natural de Brasil. Aquí hay otra más: los habitantes del país la llaman tucán; algunos autores la llaman Avis Piperivora [Comedora de pimienta], y Aldrovandus, Pica Brasilica [Urraca de Brasil]». El resto de su comentario repite la información de Thevet.
Gabinete de curiosidades de Ole Worm, en Museum Wormianum, 1655. El círculo rojo de la izquierda puede corresponder a un cráneo de tucán; el de la derecha es, claramente, de cálao
Durante las décadas posteriores a
Aldrovandi se conocieron cada vez más especies de tucanes. El ave dejó de ser
una rara avis en los gabinetes de curiosidades y estaba en las famosas
colecciones del emperador Rodolfo II (que poseía seis picos de tucán y algún ejemplar vivo), Federico Cesi
(fundador de la Accademia dei Lincei), Ole Worm (Olaus Wormius) y otros. Jan
Brueghel el Viejo, que tenía acceso a las colecciones de Rodolfo II y de los
archiduques Alberto e Isabel, representó la misma especie (tucán de pico rojo, Rhamphastos tucanus), quizás incluso el
mismo espécimen, en sus pinturas. Los animales exóticos son una parte muy
significativa de la producción artística de Jan Brueghel quien, junto a Roelant
Savery, dio forma al género (recordemos las pinturas de Savery en las que incluye al dodo). Pintó al menos veinticinco cuadros de
animales exóticos, casi todos encuadrados en el tema del paraíso Terrenal o el
Arca de Noé. Su hijo, Jan Brueguel el Joven, siguió su estela y otros artistas
flamencos repitieron su tucán en muchas composiciones.
Jan Brueghel el Viejo, La tentación en el Jardín del Edén, c. 1617,
Victoria and Albert Museum
Jan Brueghel el Viejo y Peter Paul Rubens, El Jardín del Edén con la
Caída del Hombre. 1615, Mauritshuis, La Haya. El tucán puede verse, en un
círculo rojo, junto al guacamayo azul y amarillo. Jan Brueghel colaboraba
habitualmente con Rubens y otros, elaborando las plantas y animales de sus
composiciones y dejando las figuras para el maestro
Jan Brueghel el Viejo: Sagrada familia en un jardín con flores y frutos, c. 1620.23, Pinacoteca Antigua, Múnich. El tucán está en la guirnalda superior
Jan Brueghel el Joven, Concierto de pájaros, c. 1640-45, Museo Herzog
Anton Ulrich, Brunswick
Jan van Kessel el Viejo, Un coro de pájaros, 1646-1679, Galería de Arte
Shipley. A la derecha aparece el tucán: el modelo debió de pasar de unos
pintores a otros porque siempre es un ejemplar de la misma especie (puede que
fuese el que estaba vivo en la corte de los soberanos de Flandes, que se copió
una y otra vez)
Como era habitual en la ciencia
de la época, donde tantas cosas estaban por nombrar, algunos de los hallazgos
naturales, especialmente las aves exóticas, terminaban bautizando
constelaciones del recién descubierto cielo austral: como pasó con el ave del paraíso, que puso nombre a una constelación del sur (Apus), el mismo astrónomo, Petrus
Plancius, dio el nombre del tucán a una constelación, Tucana, en 1598.
Las "Aves del Sur", Pavo, Fénix, Grus y Tucana, en la
Uranometria de Johann Bayer de 1603, el primer atlas celeste que incluye las
constelaciones australes. También aparecen Indus (el indio) e Hydra (la
serpiente). Tucana está en el centro de la imagen
A los ojos de los europeos, las nuevas maravillas también tenían algo de monstruso (como esa obra de Paré, De monstruos y prodigios). La representación de Maesten De Vos de un tucán en primer plano en El quinto día (la creación de las aves y los peces) combina diferentes fuentes científicas, míticas y artísticas. Como Belon había sospechado que el pico (lo único que conocía del ave) podía ser de un ave marina, de Vos lo sitúa en el mar, junto a otros monstruos.
Jan Sadeler, grabado a partir de Maarten de Vos, el Tucán en la parte inferior de la imagen, bajo el gran pez del centro. Es un detalle de El quinto día de la Creación, c. 1587. Imago Bonitatis, Amsterdam, Rijksmuseum
En cuanto al cálao, la primera descripción e ilustración se debe a Aldrovandi, aunque reconoce que, salvo por el pico, no tiene certeza alguna sobre el ave. Justifica su nombre, «Rhinoceros Avis» («ave rinoceronte»), por referencias a autoridades clásicas ya citadas: Hesiquio de Alejandría y Plinio. Su excrecencia córnea en el pico parecía merecer ese nombre, aunque modernamente a su orden se lo llama Bucerotiformes (del griego bous, buey, y keras, cuerno).
Cabeza de un cálao, Ulisse Aldrovandi, Ornithologiae, hoc est de avibus historiae libri XII (Bologna: 1599) vol. Biblioteca de la Universidad de Leiden. Puede identificarse como el cálao rinoceronte (Buceros rhinoceros), una subespecie originaria de la isla de Borneo
Aldrovandi informa al lector de
que la ilustración se basa en dos acuarelas que recibió de forma independiente
por parte de dos personas que habían estado presentes en la batalla de Lepanto, donde ambas afirman que este pájaro fue abatido. Dado que el ave
no es propia de esa región, la única explicación posible es que ese cálao se escapara
de la flota turca que transportara objetos preciosos y exóticos de
Oriente.
Otra de las cuarelas de Aldrovandi con el cálao
La segunda mención de un cálao se
encuentra en Exoticorum libri decem
(1605), de Carolus Clusius. La ilustración del pico indica que es una especie
diferente a la de Aldrovandi, seguramente una de los dos cálaos terrestres
africanos del género Bucorvus. Sin
embargo, convencido de que el ave era de origen sudamericano, Clusius se
refirió a la obra de Oviedo, pero no al capítulo sobre el tucán, sino a su
descripción del pelícano pardo (que llamaban Alcatraz), lo que explica el título de Clusius: «An Alcatraz Oviedi? sive verius Corvi Marini
genus?»
(“¿El alcatraz de Oviedo? ¿o más
bien una especie de cuervo marino?”).
Carolus Clusius, cabeza de cálao en Exoticorum libri decem, Amberes,
1605
Clusius menciona varias veces a
su donante, Jacques Plateau, propietario de un gabinete de curiosidades, un
jardín botánico y algunos animales vivos, entre ellos una foca domesticada. La
red de donantes y, como ya vimos, la dependencia de buenos pintores, era esencial `porque las meras
descripciones eran muy vagas y la conservación de los ejemplares, muy frágil. A
cambio de su aportación, los corresponsales esperaban la gloria de ser
mencionados.
Los cálaos eran mucho menos
frecuentes en las colecciones y, aunque se
hicieron cada vez más comunes, su origen siguió siendo un misterio durante
mucho tiempo. Una obra, Collectio
monumentorum, rerumque maxime insignium, Belgii Faederati (1674) de
Phileleutherus Timaretes (seudónimo de Theodoor Jansson van Almeloveen, 1657-1712),
ofrece una descripción de todas las las curiosidades del Teatro Anatómico de Leiden que hemos citado más arriba. Timaretes
añadió un detalle que nos devuelve a Lepanto: la forma del pico se compara con
una luna, o como se dice más precisamente en Delices, un «croissant»,
es decir, la luna creciente, lo que puede explicar la importancia del ave: su aparición y su muerte se considerarían un
presagio de la inminente derrota del ejército turco.
Jacobus Bontius (De medicina Indorum, 1642) lo llamó «Corvus Indicus cornutus» y
fue la primera referencia del posterior trabajo de Francis Willughby (1627-1705),
continuado y publicado tras su muerte por su amigo John Ray (1635-1672), primero
en latín (1676) y luego en inglés (1678), que incluyen a los tucanes y a los
cálaos juntos en el capítulo de las «aves
del género cuervo», aunque distinguen claramente entre ellos: los cálaos se
consideran cuervos, mientras que los tucanes se ven como urracas. Su
investigación no se limita a repetir las fuentes, sino que las critica. Cuestionan
el peso del pico del tucán (que ven exagerado) o su dureza (que es mayor de lo
que se decía, de lo contrario no podrían perforar los troncos para anidar). Su
comentario demuestra que, a estas alturas, el ave y su pico son generalmente
conocidos: «Hemos visto en varios gabinetes
el pico de esta ave, y nosotros mismos también tenemos uno».
En cuanto al cálao, las cosas son diferentes. Ray y Willughby solo pueden basarse en los picos que han visto en colecciones y proporcionan dos láminas. La Ornithologia de Willughby y Ray es importante por sus descripciones, sus ilustraciones y sus observaciones. A partir de ahora, los tucanes y los cálaos quedan separados en familias distintas.
Catro especies de cálaos en Francis Willughby/ John Ray, The Ornithology, Londres, 1678. La Haya, Biblioteca Real
Abajo, cálao de Tailand u Malasia, en Francis Willughby/ John Ray, The Ornithology, Londres, 1678. La Haya, Biblioteca Real
René Antoine Ferchauld de Réaumur
(1683-1757) ocupa, como coleccionista, un lugar importante en la historia de la
ornitología porque encontró un método rápido y eficaz para conservar aves en
los trópicos: secándolas en un horno. Gracias a este método sus corresponsales
lograron enviarle buenos especímenes, a partir de los cuales dispuso de la mayor
colección de aves de Europa, que permitió a Mathurin Jacques Brisson no solo
desarrollar una nueva clasificación de las aves, sino también proporcionar
descripciones meticulosas e ilustrarlas con litografías en color. Tras la
muerte de Réaumur en 1757, la colección fue confiscada por el rey francés, Luis XV; Brisson fue expulsado de la Academia de Ciencias y sustituido por Georges-Louis
Leclerc, conde de Buffon.
Un concepto central de Buffon es
el de degeneración: bajo la influencia de su entorno, una especie puede degenerar y, si no se extingue, esto solo puede explicarse por el aislamiento geográfico o
la falta de enemigos naturales, lo que justificaría los picos de los tucanes y
los cálaos, que considera excrecencias monstruosas, una molestia para el ave sin
ninguna utilidad. Así, el pico del tucán es descalificado como «débil y endeble»; no sirve para nada en
absoluto: obliga al ave a tragarse la comida entera; es inútil como arma contra
los depredadores y también como contrapeso porque perturba al ave en su vuelo. El
pico es un error de la naturaleza y el mismo argumento se aplica a los cálaos, con
una explicación extravagante:
«Acabamos
de ver que los tucanes, tan singulares por su enorme pico, pertenecen todos al
continente sudamericano: aquí hay otras aves de África y de las Indias Orientales,
cuyo pico, tan prodigioso por sus dimensiones como el de los tucanes, es aún
más extraordinario por su forma, o mejor dicho, más excesivamente monstruoso,
como para demostrarnos que la antigua naturaleza del viejo continente, siempre superior
a la naturaleza moderna del nuevo mundo en todas sus formas, se muestra también
más grande, incluso en sus errores, y más poderosa hasta en sus desviaciones».
(Historia Natural de las aves, 1770-1783)
Bucerotidae,
en Genera Avium, de Philogène Wytsman, 1905
Buffon mostraba un enorme interés
por el comportamiento de las aves, aunque casi siempre a partir en cautividad.
Así, describe la locomoción y el comportamiento de un cálao de Malabar, que le
fue ofrecido por la marquesa de Pons:
«Este
pájaro saltaba con las dos patas a la vez hacia delante y hacia los lados, como
el arrendajo y la urraca, sin caminar; en su actitud de reposo, tenía la cabeza
echada hacia atrás y entre los hombros; en la emoción de la sorpresa o la
inquietud, se encogía y parecía tomar cierto aire de dureza; sin embargo, su
aspecto en general es abatido y estúpido, sus movimientos son bruscos y
desagradables, y los rasgos que hereda de la urraca y el cuervo le dan un aire
innoble, que su naturaleza no desmiente».
Cálaos del género Buceros. Edinburgh journal of natural history and of the physical sciences with the Animal kingdom of the Baron Cuvier. 1835-1840
Estos calificativos que humanizan
a los animales parten de su idea de que los pajaros agradables son los que
tienen una cabeza ligera con un pico corto, mientras los tucanes tienen un aire
estúpido y los cálaos, un aspecto rudo y torpe. Estos pasajes muestran cierta
afinidad con las ideas sobre fisiognomía, originadas por Aristóteles y muy
extendidas hasta el siglo XX. Además, Buffon prestaba gran atención a las
cualidades estilísticas de sus descripciones, siguiendo su principio de «le style c'est l'homme même» (“el estilo es el hombre mismo”). Frente a
otros autores, que denominaban a las aves de un modo simplemente descriptivo
(por características físicas, como el tucán
de garganta roja, o por su origen, como el tucán de Cayena), Buffon inventa neologismos, emplea onomatopeyas o
nombres indígenas. Por ejemplo, inventó el término Cassican para bautizar a un pájaro de Nueva Guinea con cabeza negra
(uniendo cacique y tucán), o Barbican para un ave africana de aspecto barbudo que recordaba al
tucán.
A partir de Buffon se pierde el
aura que su reciente decubrimiento había dado a nuestros tucanes y cálaos, que
entran en una época racionalista y pasan a pertenecer a una visión del mundo
«desencantada».



























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